Rubén Blades, el salsero que quiere ser presidente

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Cuando en 1978 empezó a sonar en algunas radios “Pedro Navaja” , las reacciones fueron bien dispares. Sí, el ritmo era de salsa. Pero la pieza empezaba con sirenas de policía y más que una canción parecía un cuento cantado o el acto de una obra de teatro. Y qué decir de la letra, que no hablaba de amores y desamores sino de un matón de barrio, una prostituta y un borracho.

Muchos disc-jockeys y musicalizadores de la época se negaban a poner la canción porque con sus largos 7 minutos 21 segundos reventaba los bloques comerciales de las radios, habituadas a temas de tres minutos. Desde entonces pasaron 40 años y hoy se sabe que “Pedro Navaja”, con su refrán “la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, ay Dios”, es una de las canciones más populares de la historia de la salsa.

Su autor, el cantante y compositor Rubén Blades, cumple hoy 70 años, y tampoco él ha perdido vigencia. “Los ejecutivos me dijeron que estaba loco, que ese disco no había quién lo sacara y que la canción era un desastre”, contó el músico panameño hace unos años en una conferencia al recordar el momento en que ofreció “Pedro Navaja” a la famosa discográfica Fania Records, en Nueva York.

Inspirado en la canción “Mackie Messer” de Bertolt Brecht y Kurt Weill, el tema está incluido en Siembra, el segundo trabajo de Blades con el músico de origen puertorriqueño Willie Colón -con quien se enemistó años después-, una dupla que creó toda una serie de piezas inmortales, como “Plástico”, “Pablo Pueblo” o “Tiburón”. Muchas de estas canciones tienen una fuerte carga social, algo hasta entonces desconocido en la salsa.

Con unos 25 millones de ejemplares vendidos, Siembra está considerado el disco de salsa más exitoso de la historia. Los inicios de Blades con la discográfica, empero, fueron bastante más modestos. Cuando tocó por primera vez a la puerta de la Fania lo contrataron para su oficina de correo y como mensajero. “Pagaban 125 dólares a la semana”, recordó el músico en un documental de 2011.

Pero la suerte le sonrió, ya que por aquel entonces el percusionista de origen puertorriqueño Ray Barreto estaba montando un nuevo grupo y se fijó en el joven cantante panameño. Sin embargo, el primer gran concierto, en el Madison Square Garden, ante unas 20.000 personas, no resultó del todo bien: “Empecé a cantar, y aunque me sentía seguro, se me olvidó la letra de la canción que tenía que hacer y repetí el mismo verso dos veces. Me quedé en blanco”, contó Blades.

Conocido por sus letras como “El poeta de la salsa”, Blades nació el 16 de julio de 1948 en el seno de una familia humilde en Ciudad de Panamá, en la que él y sus hermanos siempre estuvieron rodeados de música. Su padre era percusionista y su madre tocaba el piano. Blades fue el primero de su familia en ir a la universidad, la música era sólo un hobby. Pero poco después de graduarse como abogado, en 1974, se fue a Miami huyendo de la dictadura de Omar Torrijos.

Desde los tiempos de Fania pasó por diversas etapas, sustituyendo los vientos por sintetizadores o atreviéndose con colaboraciones con Sting, Lou Reed, Elvis Costello o Paul Simon. Y con Patria (1988) compuso una canción que es un segundo himno nacional, como demostraron los hinchas panameños en el Mundial de Fútbol de Rusia.

En sus más recientes discos, como Son de Panamá y Salsa Big Band (que le valió un Grammy y un Grammy Latino), Blades vuelve a las grandes orquestas, junto con los músicos de su compatriota Roberto Delgado. Y en “Medoro Madera”, personaje que considera su álter ego, impresiona con una voz irreconocible, merced a una técnica llamada impostación que permite fijar la voz en las cuerdas vocales y que le da un aire de años 30 a los temas cubanos que interpreta.

También como actor Blades es incombustible. Aparte de aparecer en la popular serieFear The Walking Dead (donde interpreta a Daniel Salazar), participó recientemente junto con Robert de Niro en la película “Hands of Stone” sobre el mítico boxeador panameño Roberto “Mano de Piedra” Durán. En total, Blades ha actuado en 35 películas y tres series. A ello se suma el documental “Yo no me llamo Rubén Blades” de su compatriota Abner Benaim, que se estrena en agosto.

Su vena crítica tampoco la ha perdido. Su esposa, la actriz Luba Mason, lo llama por eso “el Bob Dylan latinoamericano”. “Yo compongo cuando me molesta algo”, dice el propio Blades. En sus recientes conciertos en España se le oyó pedir “una Nicaragua sin Ortega” y “una Venezuela que pronto tenga algo que celebrar”. En su blog, advierte: “Si no eliminamos pronto las conductas corruptas, la explosión social será inevitable y sus consecuencias podrían ser terribles”.

Eso suena a proselitismo y, de hecho, Blades insinuó que podría presentarse como candidato a las elecciones presidenciales de Panamá, en 2019. “La posibilidad continúa existiendo, pero no hay seguridad de que eso ocurra hasta que no se den las circunstancias requeridas”, dice. No sería la primera vez: En 1994 se postuló con su partido Papá Egoró y quedó tercero. Y de 2004 a 2009 fue ministro de Turismo.

De momento, sin embargo, sigue de gira y su cumpleaños lo encuentra en París, donde ofrece un concierto en la sala “Bataclan”, tristemente famosa por los atentados de 2015. Sin duda, también allí sonará “Pedro Navaja”.

Por: Jorge Vogelsanger

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