Benny Moré: El símbolo de la música cubana

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Rafael Lam, todo un inquisidor del firmamento musical cubano, ha dirigido su mirada sobre Benny Moré, el Bárbaro del Ritmo. Su libro tiene casi 400 páginas y narra la historia del ídolo cubano desde 1919 hasta que fallece en 1963. La publicación es parte de la colección Cinquillo de la editorial José Martí y se suma a otros trabajos como ‘El Arte de Benny Moré’, de José Reyes Fortún, y ‘Yo conocí a Benny Moré’, del periodista Félix Contreras.

Según el diario Granma, en publicación de ayer 22 de septiembre, la obra de Lam nos aproxima mucho más al hombre de cuyo repertorio se ha escuchado –y hablado– bastante en las últimas semanas. “Quizá entre las mayores virtudes de dicha publicación está la de ofrecernos todo un abanico de referencias que los seguidores del mito agradecemos por la acertada selección de ellas. En tal sentido, de una forma amena y coloquial, nos podemos enterar de cómo fueron las relaciones entre Benny y Pérez Prado, o de que fue en Santiago de Cuba donde lo bautizan como el Bárbaro del Ritmo, al tiempo que conocemos de todas las incidencias relacionadas con la Banda Gigante”, dice la nota.

Igualmente, prosigue el artículo firmado por el periodista Guille Vilar, Rafael Lam nos presenta sus criterios en torno a la caracterización del Benny como cantante, músico y compositor. “Del mismo modo nos habla acerca del famoso Alí Bar y nos revela la dirección donde fijó su residencia aquí en La Habana, o con cuáles mujeres mantuvo una relación estable, además de ilustrar con emotivas anécdotas el sentido de solidaridad del Benny, como aquella en donde se dirige al público de un cabaré habanero en que, por no dejar pasar a José Antonio Méndez debido a su condición de negro, le dice a sus músicos: ¡Mi tribu, recojan que nos vamos!…”

En el artículo del Granma titulado ¡Con nosotros para siempre!, se asegura que Lam ha conseguido delinear la dimensión humana y profesional del cantante. “Tanto es así que después de leer el libro en cuestión, a uno no le caben dudas de que, si nos encontráramos con el Benny en su cotidiano deambular por la ciudad, tendríamos la certeza de que ya lo conocemos lo suficiente como para pasarle nuestro brazo por el hombro y comentarle afablemente: ¡Oye, mi hermano, verdad que eres un bárbaro…! ¡Qué orgullosos nos sentimos de que estés con nosotros para siempre!”.

Por Martín Gómez