Ismael Miranda y sus grandes motivos para componer un son (entrevista)

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Ismael y una elegante copa de vino es la imagen de entrada. Así lo encontramos en una solitaria mesa del restaurante Zafra del Caribe, en Gurabo. Nos saluda cordial y se disculpa por postergar hasta en dos oportunidades la entrevista. Nos instalamos, él ordena unos piqueos y unas bebidas. Así empieza una tarde de charla que quedará en el recuerdo. Hablamos de todo. Sus primeras visitas al Perú y su amistad con la familia Barraza en Lima, por ejemplo. “Miguelito, Cecilia, son como mis hermanos. Ellos son mi familia”, nos dice.

También menciona a su compadre peruano Tito Zubiaga, quien en los años 70’ se la pasaba entre Puerto Rico y Nueva York. Recuerda que cuando Tito se enteró que Ismael viajaría por primera vez a Lima, le dijo “voy contigo”. Y, además, prometió abrir mis presentaciones con unos boleros. En la primera, cantó tres boleros, en la segunda cantó dos. Y al tercer día no lo vi más (risas). Se fue a ver a la familia”.

En sus primeras visitas a Lima también conoció a Ivan (Cruz). De inmediato imaginamos una madrugada de boleros y bohemia entre ambos cantantes. ¿Pasó eso? Ismael sonríe y afirma que claro. “Generalmente cantábamos boleros muy clásicos. Qué jodienda era eso, muchacho. Pero fíjate que en Lima me llevaban mucho a las peñas criollas. Por eso grabé música peruana en salsa, como ‘Rebeca’. También ‘Nuestro secreto’. A Perú le tengo mucho cariño. Además, de mi amistad con los Barraza también está mi respeto y cariño por ‘Mita’ Barreto, ese extraordinario tresista. Igualmente, menciona a Luis Delgado Aparicio ‘Saravá’ y confiesa que le entristeció su partida. “Recuerdo que me obsequió una victrola en mi primer viaje a Perú. Me buscó en el hotel y me la entregó. Yo me dije, este señor sí que es fanático de lo que hago”.

La copa de vino permanece intacta y el Niño Bonito sigue contándonos parte de su vida. Los años con Fania y su amistad con Héctor Lavoe. El entierro de Héctor en Nueva York y el traslado de sus restos a Ponce, Puerto Rico. El bullicio del Bronx en los momentos de gloria de la salsa. Las travesuras junto a Héctor. “No, muchacho, esa fue una linda época”. Son los años mozos a los que Ismael a veces solo mira de reojo.

Pa’ bravo yo

Llueven las historias en esta mesa de Gurabo. Nos habla de su composición ‘Pa bravo yo’ y de cómo Justo Betancourt se la escuchó y le dijo eso es para mí y la grabó. “Él me decía: pero cómo la vas a cantarla tú, tú no eres mulato. En cambio a mí me queda perfecto”. Ismael sonríe otra vez. Y allí está el himno de Justo. Con el mismo cariño recuerda a Junior González, quien nunca le falló. “Cuando él se iniciaba siempre me buscaba para darle una oportunidad en la orquesta Harlow. Y yo poco a poco se la daba. Hasta que un día le dije: mira, yo estoy por irme de la agrupación y voy a conversar con Larry para que te quedes tú. Pero solo te pido algo: no me falles. Y Junior cumplió. Nunca me dejó mal”.

El tiempo sigue virando hacia atrás y ahora Miranda nos habla de Ismael Rivera. “Un tipazo. Cómo es la vida, cómo todo da vueltas”. De alguna manera, Maelo fue quien respaldó su llegada a la orquesta Harlow. “Este muchacho te va responder bien”, le diría Maelo al Judío Maravilloso. El resto es historia.

No podemos dejar que la tarde se vaya sin recordarle el famoso documental de Fania y él cantando ‘Lamento de un guajiro’. Miranda se llena de nostalgia. “A veces no es bueno recordar. Esos años fueron increíbles…”, confiesa.

Me curo con rumba

Si hay una historia que recuerda acerca de sus tantos discos grabados, menciona a ‘Me curo con rumba’. Era 1993 y él sabía que los músicos del proyecto Descarga Boricua, bajo la producción de Frank Ferrer, estaban en sesión, en plena grabación. Aunque él había prometido llegar, eso de amanecerse en un estudio conspiraba con su vida más tranquila. Por esos días, las llamadas desde el estudio eran insistentes. Y un día de esos justo ocurre un lío doméstico en su casa y el cantante se levanta de madrugada a despejarse. “Eran las 5 o 5.30 de la mañana. Así que me alisté, fui a comprar sánguches, café y varias cositas más para sorprender a los muchachos con un rico desayuno. Llegué al estudio y ellos aún estaban allí. En ese momento grabamos de un tirón ‘Me curo con rumba’”. El sonero sonríe. Quizás se estaba curando de verdad. Lo que sí asegura es que en su próxima visita a Lima capaz hasta lo canta.

¿Sobre su salud? el intérprete de ‘María Luisa’ y ‘Abran paso’ afirma estar, felizmente, muy bien. Lo del cáncer ya quedó atrás. “Lo más importante es que fue detectado a tiempo”, señala.

La tarde aquella se marchó en Gurabo. Gentil, Miranda nos trasladó luego hasta Caguas, a una reunión social en Los José Pizzas. En su auto conversamos en forma más distendida, especialmente de algunas de sus travesuras junto a Lavoe. Risas y buena vibra. Pero eso queda entre el cantante y Salserísimo Perú, con el fondo musical de su versión de ‘Nuestro secreto’. Ahí na’ má.

Por Martín Gómez

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